Beatificación

Dios es único santo

« Solo Tú eres Santo, solo Tú, Señor », canta el Gloria. Antes de evocar la santidad reconocida de algunas personas, de las cuales la Virgen María es la primera, la Todo Santa, hay que guardar siempre en mente esta afirmación fundamental de nuestra fe: Dios es el único Santo. .De hecho es por respeto para la santidad de Dios que el pueblo de Israel no pronuncia nunca su nombre.

La palabra « santo » evoca al origen, la idea de separación. Pero el Dios de la Biblia quiere comunicar su santidad: no es solo santo, es también fuente de toda la santidad. Creando la humanidad por puro amor, Dios le ha ofrecido su santidad, la invita a la comunión con él. La contemplación de este misterio insondable, maravilla a San Pablo: “¡Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en Cristo con toda bendición espiritual en los cielos, ya que en él nos eligió antes de la creación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha en su presencia, por el amor” (Ef. 1, 3-4).

Esta llamada a la comunión con Dios se dirige a todos, sin excepción, por vías conocidas solo por Dios. Toda la historia de la humanidad es infelizmente una muestra que este don inconmensurable no fue acogido. Por lo tanto, Dios no nos abandona al poder del pecado de la muerte. Por amor para la humanidad entera, nos da su hijo, Jesús, por el cual nos es ofrecida la salvación. “Cristo amó a la Iglesia, se entregó a sí mismo por ella para santificarla, purificándola, mediante el baño del agua por la palabra, para mostrar ante sí mismo a la Iglesia resplandeciente, sin mancha, arruga o cosa parecida, sino para que sea santa e inmaculada” (Ep 5, 25-27).

Santidad y bautismo

¿Como podemos recibir, y acoger como conviene, la santidad de Dios? Para aquellos a los cuales el Evangelio fue anunciado y que tuvieron la posibilidad de pedir este sacramento, Dios comunica su santidad por el sacramento del bautismo. El concilio Vaticano II indica muy justamente que “los seguidores de Cristo, llamados por Dios no en razón de sus obras, sino en virtud del designio y gracia divinos y justificados en el Señor Jesús, han sido hechos por el bautismo, sacramento de la fe, verdaderos hijos de Dios y partícipes de la divina naturaleza, y, por lo mismo, realmente santos. En consecuencia, es necesario que con la ayuda de Dios conserven y perfeccionen en su vida la santificación que recibieron.”(Lumen Gentium, 40).

Así es entonces la vida auténticamente cristiana: una vida que busca a conservar y acabar la santificación recibida el día del bautismo. Para eso, beneficiamos de un ejemplo y un apoyo. Un ejemplo, el de Jesús, que es el modelo de santidad acerca de quien aprendemos a amar en actos y en verdad: “améis los unos a los otros como yo os he amado.” (Jn. 15, 12).

Pero sabemos que un ejemplo demasiado edificante puede revelarse aplastante, inimitable. Por esa razón Dios quiso que además de su modelo, beneficiemos de su apoyo, de la ayuda indefectible de su gracia para abrir el camino, día tras día, siguiendo Jesús: “el que permanece en mí y yo en él, ése da mucho fruto, porque sin mí no podéis hacer nada.”(Jn. 15, 5).

 

¿Como se vuelve santo?

Considerando el sentido más amplio, sino también el más exacto, de este término, podemos decir que nos volvemos santos por una vida de comunión siempre más profunda con Dios Padre, Hijo, y Espíritu Santo, de quien recibimos la caridad que “es el alma de la santidad a la que todos están llamados” (Catecismo de la Iglesia Católica, 826).

 

En la inmensa mayoría de los casos, esta santidad sigue escondida, conocida solo de Dios y, eventualmente, de los familiares. La persona en cuestión, en todo caso, lo ignora completamente; en lo contrario, esto significaría que habría caído en el orgullo y en la presunción.

A lo largo de su vida terrestre, la persona santa brilla por su humildad. Esta convencida que el pecado marca su vida, como lo reconoce tan claramente San Juan: “si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si reconocemos nuestros pecados, fiel y justo es Él para perdonarnos los pecados y purificarnos de toda iniquidad.” (1 Jn. 1, 8-9). : “por la gracias de Dios, soy lo que soy” (1 Co. 15, 10).

Cada año, la solemnidad de la Fiesta de los Santos nos recuerda la existencia de estos numerosos santos.

Algunos, entre estos santos, serán canonizados. No son necesariamente los más grandes a los ojos de Dios. Es totalmente posible que en el Cielo, santos no canonizados precedan santos canonizados. ¿Cual es entonces el sentido de las canonizaciones? Podemos decir que es doble: de un lado, es el reconocimiento solemne que estas personas han practicado heroicamente las virtudes y vivieron en fidelidad con la gracia de Dios, y por otro lado, son para nosotros modelos e intercesores.

Investigaciones y heroicidad de las virtudes

De tal modo que la comunión con Dios está efectiva por la gracia, invisible, la Iglesia debe limitarse a unos signos para acercarse al misterio de la santidad de una persona. Esos signos pertenecen a diferentes registros (heroicidad de las virtudes, martirio, fama de santidad, milagros) que conviene analizar no solo gracias a los testimonios recogidos sino también con la ayuda de algunos expertos en materias teológicas, históricas, medicales, etc. Es por eso que se hace una larga investigación.

¿Cuál es el propósito? Esta investigación ayuda al Papa a llegar a la certitud moral que la persona difunta vivó las virtudes de manera heroica durante su vida, o que de verdad murió como martirio o que un milagro se hizo por su intercesión. De tal modo que puede emitir un juicio definitivo sobre la santidad de esa persona; eso se llama la canonización.

¿Como se desarolla esta investigación ? A través de los siglos, las modalidades cambiaron mucho. Hoy en día, la investigación tiene dos fases : primero una investigación diocesana y después una investigación romana (veáse sitio del Vaticano). La investigación diocesana es un proceso canónico, instruido por el obispo competente, que tiene como propósito recoger todas las pruebas pro y contra la canonisación de una persona. Cuando se acaba esta primera investigación, se manda todos los documentos recogidos (con frecuencia, miles de páginas).

La Congregación para las Causas de los Santos empieza examinando atentivamente los documentos mandados. En particular, verifica que se respetaron todas las normas canónicas durante la fase diocesana. Si todo está en regla, se le confia el caso a un ponente de la Congregación. Este ponente, con el apoyo de una persona exteriora a la Congregación (de manera general alguien que participó a la fase diocesana que conoce bien entonces el caso) prepara la positio que es como un resumen (entre 500 y 1000 páginas) de los puntos importantes del caso.

Primero consultan la positio unos historiadores para que se pronuncien sobre su valor científica. Después la positio aumentada por los votos escritos de los historiadores y si se necesita por unas notas del ponente, la consulta una comisión de teólogos para que estudien según las necesidades las cuestiones teológicas controvertidas y para que se expresen sobre el valor de la causa. Los votos de los teólogos y sus conclusiones se les confia al juicio de los cardenales y obispos miembros de la Congregación (son unos trenta).

 

Su aviso llega a conocencia del Papa quien soló, después de haber considerado cada caso, de haber orado y reflexionado, tiene derecho para decretar que una persona es santa.

Para los milagros, se hace una investigación propia, del mismo modo diocesana y romana, en la cual intervienen consultores médicos cuyos conclusiones y votos serán sumetidos a otros consultores teólogos, a los cardinales y obispos, y po fin al Papa mismo.

 

Beatificación o canonisación

Se interroga a veces sobre la diferencia que existe entre beatificación y canonisacion. Para que una persona sea beatificada, se necesita que el Papa reconozca la heroïcidad de sus virtudes (desde entonces se puede calificar como venerable) y se necesita también la aprobación de un milagro obtenido por su intercesión, después de su muerte. En el caso particular del martirio, el milagro no se requiere para la beatificación. Sin embargo el culto público de esa persona beatificada se limite a una zona geográfica o a una familia espiritual. Si se obtiene un segundo milagro por su intercesión, después de su beatificación, el Papa puede desde entonces emitir un decreto definitivo por el cual la persona beata está llevada al honor de los altares en la Iglesia entiera y reconocida como santa.

La causa de Pauline Jaricot

Existen dos tipos de causas de canonisación : las causas recientes para la cuales las virtudes (o el martirio) pueden ser probados por las deposiciones orales de testigos oculares y las causas ancianas cuyas únicas pruebas son pruebas escritas. La causa de Pauline Jaricot (1799-1862) apartenece a esa segunda categoría.

Cuando fue introducida la causa, el procedimiento preveía un proceso ordinario (es decir diocesano) donde estaban reunidos los primeros testimonios sobre su vida (véase su Vida) ; también se estudiaban sus escritos (véase la Bibliografía), que debía concluirse en Roma con la aprobación ponficia que permetía la apertura del proceso canónico (es decir romano).

Los archivos romanos atestiguan que la causa de Pauline Jaricot, fundadora de las Obras de la Propagación de la Fe y del Rosario vivo, se inició en Lyon y que entró en su fase romana cuando su introducción ante la Congregación de los Ritos (hoy en día, Congregación para las Causas de los Santos y Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos) fue aprobada por Pío XI, el miércoles 18 de junio de 1930.

Con fecha del día martes 19 de febrero de 1963, los mismos archivos mencionan una reunión general de la Congregación de los Ritos, en el Palacio apostólico, entre los cardenales, los prelados y los consultores teólogos, en presencia de san Juan XXIII.

Ese día, se estudian tres casos : un milagro atribuido a Juan Nepomuceno Neumann (beatificado en 1963 et canonisado en 1977), un milagro atribuido a Isabel Ana Bayley Seton (beatificada en 1963, canonisada en 1975), dos santos norteamericanos, y las virtudes de Pauline Jaricot. Por unanimidad de los cardenales, prelados y teólogos se reconoció la heroïcidad de las virtudes de Pauline Jaricot, confirmada por san Juan XXIII, el lunes 25 de febrero de 1963.

Conscientes de la fecundidad de sus obras (véase la página Obras), más que nunca debemos pedir al Señor un milagro (véase la página Testimonios), en este caso una curación física por intercesión de Pauline, porque todos somos impacientes verla beatificada y después canonisada.